El papa Francisco concluyó hoy un viaje a Japón, donde había llegado desde Tailandia, que ha estado marcado por su firme condena no solo al posible uso de armas nucleares sino también a su posesión.

El papa tras visitar la universidad Sofia de la Compañía de Jesús, se dirigió al aeropuerto para regresar a Roma, donde llegará a las 17:00 hora italiana (16.00 GMT) tras un vuelo de 13 horas.

En su reunión privada con el recientemente entronizado emperador Naruhito, Francisco compartió el recuerdo de haber visto a sus padres llorar por lo que había sucedido en Hiroshima tras la bomba atómica.

Esa vivencia le marcó profundamente confesó y con ese recuerdo comenzó este viaje.

LA POSESIÓN DE ARMAS NUCLEARES ES INMORAL

Su primera etapa fue Hiroshima y Nagasaki, las ciudades arrasadas por las bombas atómicas lanzadas por los Estados Unidos en 1945 y que causaron cerca de 400.000 muertos durante todos estos años debido a las radiaciones.

En el hipocentro de la bomba de Nagasaki, junto a la icónica foto del niño que con los labios apretados espera con su hermano muerto en la espalda el turno del crematorio, Francisco llamó a los líderes de los países nucleares a abandonar el clima de miedo en el que se apoya su doctrina nuclear.

Denunció que en nuestro mundo vive "en la perversa dicotomía de querer defender y garantizar la estabilidad y la paz en base a una falsa seguridad sustentada por una mentalidad de miedo y desconfianza, que termina por envenenar las relaciones entre pueblos e impedir todo posible diálogo".

En Hiroshima hablaron los supervivientes y sus palabras en el silencio de la noche ante el cenotafio construido donde impactó la bomba rememoraron el "infierno" de aquel día.

"Trabajo duro para dar testimonio de que no debemos usar estas terribles bombas atómicas de nuevo, ni dejar que nadie en el mundo sienta tanto sufrimiento", dijo Yoshiko Kajimoto, que tenia 17 años cuando su mundo se destruyó.

Allí Francisco tras saludar a los supervivientes clamó "que el uso de la energía atómica con fines de guerra es hoy más que nunca un crimen, no sólo contra el hombre y su dignidad sino contra toda posibilidad de futuro en nuestra casa común"

"El uso de la energía atómica con fines de guerra es un crimen y es inmoral" y remarcó que "también la posesión de armas es inmoral" y que "seremos juzgados por esto".

El llamamiento del papa llega en un momento en el los nueve Estados nucleares poseen aún 13.865 armas de ese tipo.

Además el Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (New START) de 2011 firmado por Estados Unidos y Rusia expirará en 2021 y aun no se ha iniciado ningún tipo de diálogo.

Y Estados Unidos y Corea del Norte continúan sus negociaciones para el desarme de las instalaciones que amenazan la región, pero aún sin resultado.

LA PREOCUPACIÓN POR LA ENERGÍA NUCLEAR

El único país que ha sufrido una bomba nuclear, como recordó el primer ministro, Shinzo Abe al papa, también ha vivido el terror de la fuga nuclear tras el terremoto y tsunami en Fukushima, que en país reabrió el debate sobre las centrales.

El debate sobre los peligros de las centrales nucleares estalló de lleno en el viaje, pues los mismos obispos japoneses han pedido en varias ocasiones el cierre de los reactores y así se lo comunicaron a Francisco.

Por favor, rece para que en todo el mundo se elimine de nuestro futuro la amenaza de la exposición a las radiaciones", le pidió hoy al papa Matsuki Kamoshita, de 16 años, uno de los damnificados por el terremoto que en 2011 provocó el tsunami y la crisis nuclear en Fukushima (Japón)

Francisco escuchó el testimonio de Matsuki en un acto con víctimas de aquel desastre que provocó 20.000 muertos, 150.000 desplazados, de los que 50.000 no han regresado a sus casas, y el fallo de la central de Fukushima y el miedo de una verdadera hecatombe nuclear.

Y en su discurso se hizo eco de "la preocupación por el uso continuo de la energía nuclear".

Francisco no habló del posible cierre de las centrales, pero sí subrayó la necesidad de "tomar decisiones valientes e importantes sobre el uso de los recursos naturales, y en particular sobre las futuras fuentes de energía".

El terremoto y tsunami del 11 de marzo de 2011 provocaron en la central de Fukushima el peor accidente nuclear desde el de Chernóbil (Ucrania) en 1986.

Ante ello, afirmó, que es importante, en momentos como este, "hacer una pausa y reflexionar sobre quiénes somos y, quizás de manera más crítica, quiénes queremos ser. ¿Qué clase de mundo, qué clase de legado queremos dejar a los que vendrán después de nosotros?".

Después del terremoto de Fukoshima, hubo un apagón total de las centrales nucleares, pero poco a poco se han ido reactivando y actualmente funcionan nueve redactores en cinco centrales.

Además, el Gobierno liderado por el primer ministro Shinzo Abe defiende la necesidad de retomar la energía nuclear para estimular el crecimiento económico y pretende que para 2030 entre el 20 y el 22 por ciento de la electricidad proceda de centrales nucleares.

LOS JAPONESES HAN VISTO AL PAPA COMO MENSAJERO DE PAZ

El obispo auxiliar de la diócesis de Osaka, Paulus Toshihiro Sakai, director de comunicaciones del viaje del papa a Japón, explicó a EFE que además de haberles impactado los discursos del pontífice lo que más les ha tocado ha sido "su afecto, su ternura y acompañamiento a todo el pueblo de Japón"

"En cada evento y en cada lugar se volcaba con afecto a todos los presentes y así lo sintieron también los que miraban la televisión", aseguró.

Sobre la huella que ha dejado el papa Francisco en este viaje, el obispo destaca que "todos los periódicos han dedicado sus portada al viaje" y han descrito al pontífice como "un mensajero de paz y de alegría".

"Todo esto ha dejado una huella profunda. Estamos en Oriente pero el viaje del papa nos ha acercado a Oriente en la comunicación", señaló.