
Enrique Arrillaga llevaba más de veinte años trabajando la madera cuando todo se hundió. "Empezamos a ir mal en 2007. Y aguantamos con recursos propios hasta que se acabaron en 2014. El volumen de ventas era muy bajo y fue imposible", relata. "Habíamos intentado exportar, pero el producto (tableros y puertas) no era el adecuado. Como no teníamos nada que hacer, mi mujer y yo empezamos un nuevo proyecto con un enfoque muy claro: fabricación local y venta final a través de internet".
"Las tecnológicas empezaron en un garaje y nosotros en un gallinero.

















