
Cada día a las ocho de la tarde, millones de ciudadanos aplauden desde sus ventanas y balcones en todo el país. Son la España encerrada por el coronavirus, que se desahoga y agradece con aplausos la labor de profesionales como Carmen, sanitarios que batallan cuerpo a cuerpo contra el virus y sus efectos en la salud del conjunto de la población. Otros miles de personas también salen a diario a la calle para desarrollar su jornada laboral, mientras otros trabajan desde casa o han visto paralizadas su actividad en esta crisis sanitaria. Algunos han sido despedidos.
No hay bares ni tiendas abiertos, pero sí cajeras, limpiadoras, policías, trabajadoras de la dependencia y del hogar, taxistas, obreros, y teleoperadoras (en una larga lista de profesiones) que dejan cada jornada sus hogares para ir a trabajar.

















