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Por qué Putin quiere librarse de Zelenski: la historia de una enemistad que viene de lejos

Por qué Putin quiere librarse de Zelenski: la historia de una enemistad que viene de lejos

En medio de los vetos cruzados en unas eventuales negociaciones de paz, el líder ruso ha subido la puesta proponiendo que la ONU, EEUU y los países europeos participen en apartar al presidente ucraniano y tutelen un gobierno de transición

Trump eleva sus exigencias a Zelenski mientras Putin plantea apartarlo para negociar

Vladímir Putin no tiene intención de sentarse en la mesa de negociaciones con Volodímir Zelenski. El presidente ruso lleva meses insistiendo en que no puede firmar ningún acuerdo con un líder al que tacha de ilegítimo porque tiene el mandato caducado desde mayo de 2024, ignorando conscientemente el asterisco previsto en la Constitución ucraniana según el cual no se pueden convocar elecciones mientras esté en vigor la ley marcial.

La semana pasada, el líder del Kremlin subió la apuesta al proponer a la ONU, Estados Unidos y los países europeos que participaran en apartar al presidente ucraniano y tutelaran un gobierno de transición. La jugada parece haber provocado el enfado de Donald Trump, que dijo en una entrevista con la cadena NBC que “se enfadó mucho” cuando su homólogo ruso criticó la credibilidad del líder ucraniano.

A pesar de esto, The Moscow Times, citando fuentes del Kremlin, asegura que se trata de una estrategia de Putin para “ejercer una presión insoportable sobre Washington” y que se vean obligados a forzar la dimisión de Zelenski. El trasfondo de esta tercera vía es la incapacidad de Moscú de avanzar lo suficientemente rápido en el frente y la negativa ucraniana a ceder ninguno de sus territorios ocupados.

¿Pero se trata solo de una hoja de ruta basada en cálculos políticos y militares o existe una inquina personal? El día antes de que Putin lanzase ese movimiento, Zelenski arremetió contra el talón de Aquiles del presidente ruso. “Se va a morir pronto”, dijo el líder ucraniano en una entrevista en Eurovision News. “Es un hecho, entonces todo se acabará”, añadió. “Soy más joven que Putin, apuesten por mí, tengo mejores perspectivas”.

El intercambio de acusaciones y menosprecios ha sido una constante entre ambos presidentes en los últimos años. Más allá de lo irreconciliables que son sus condiciones para la paz, existe el temor que su aversión mutua dificulte todavía una resolución del conflicto. Aunque no siempre fue así.

La broma que lo cambió todo

Antes de 2014, Zelenski solo era un humorista de origen judío y habla rusa de una provincia del este de Ucrania cuyas películas cómicas se estrenaban en Rusia y que aparecía en la televisión estatal del Kremlin. Con la anexión de Crimea, todo se torció. El 1 de marzo de 2014, día en que el Parlamento ruso aprueba el uso de la fuerza en Ucrania, en que se destituye el Gobierno autónomo de la península y en que se convoca un referéndum de adhesión a Rusia, el tono de aquel humorista cambió.

Zelenski aprovechó un programa de entretenimiento de la tele ucraniana para dirigirse a Putin: “Estimado Vladimir Vladimirovich, no permita ni la más mínima insinuación de conflicto militar porque Rusia y Ucrania son realmente naciones hermanas. Si quiere, puedo suplicarle de rodillas, pero, por favor, no ponga a nuestro pueblo de rodillas”. Al mismo tiempo, también mandó a un mensaje al Gobierno ucraniano: “Si la gente en el este y en Crimea desean hablar ruso, que hablen ruso, que tengan derecho a hablarlo por ley”.

A partir de aquel momento, los monólogos y sketches de Zelenski se llenaron de dardos contra Moscú. Actuó para los soldados ucranianos en el frente del Donbás, en Rusia pidieron que fuera declarado persona non grata y hasta llegaron a prender fuego a su coche en Kiev. Pero hay un momento que marcó un punto de inflexión. 

El cómico interpretó en un gag televisivo a Alina Kabaeva, exgimnasta olímpica, quien se rumoreaba que era amante de Putin. Según explica el periodista Mikhaíl Zygar en el libro War and Punishment: How Russia destroyed Ukraine, el presidente ruso descubrió en aquel instante quién era Zelenski. “Ningún cómico en Rusia se hubiese atrevido nunca a escribir un número así y, especialmente, ninguna cadena lo hubiese emitido”, asegura Zygar. Solo un periódico había hablado en 2008 de esta supuesta relación y lo cerraron inmediatamente. A raíz de este sketch, se abrió una causa legal contra Zelenski y no volvió a pisar Rusia.

Intento de acercamiento

Aun así, cinco años después, el Zelenski candidato no abanderó un discurso anti-Putin. Se presentó como el portador de la paz, prometió acabar con la guerra en el Donbás y se mostró dispuesto a negociar con el presidente ruso. Esto le permitió captar votos en las zonas rusohablantes del sur y el este de Ucrania. 

Nada más llegar al Gobierno, en septiembre de 2019, el intercambio de 35 presos rusos y ucranianos hizo presagiar un acercamiento entre ambos países, pero Zelenski se enfrentó a las resistencias de los sectores más nacionalistas ucranianos a la hora de aceptar las cesiones contempladas en los Acuerdos de Minsk, lo cual frustró su voluntad pacificadora.

Volodímir Zelenski celebra la victoria tras las elecciones del domingo. Volodímir Zelenski celebra la victoria tras las elecciones del domingo.

Tres meses después, se produjo la primera y única reunión entre Putin y Zelenski, en París. En aquella ocasión se intentó negociar una tregua estable en el este de Ucrania, pero solo se consiguió acordar una ligera desescalada y un nuevo intercambio de presos. Ya entonces quedaron claras las diferencias que todavía hoy persisten: el presidente ucraniano demandaba recuperar el pleno control de las regiones ocupadas y el presidente ruso exigía a Kiev que aceptase una autonomía especial para el Donbás.

No obstante, volvió a producirse un hecho que marca un punto de no retorno en la ya degradada relación entre Putin y Zelenski. En febrero de 2021, el presidente ucraniano prohibió con un decreto muy controvertido las emisiones de tres canales de televisión del hombre del Kremlin en Ucrania, Viktor Medvedchuk. A continuación, congeló sus bienes y los de su mujer, le confiscó sus aviones privados y le expropió sus gasoductos. Putin reaccionó enfurecido reprochando a Zelenski el estar influenciado por Occidente.

“Neonazi” y “drogadicto”

El presidente ruso siempre había mirado por encima del hombro a su homólogo ucraniano. Le veía como alguien sin experiencia, dominado por oligarcas como Ihor Kolomoiski, el propietario del canal donde se emitía Servidor del pueblo, la serie que catapultó a Zelenski a la presidencia del país. Pero no fue hasta que se convenció de que el rumbo de Ucrania se alejaba del de Rusia, y de que Zelenski era más un problema que otra cosa, cuando endureció el tono. Las primeras acusaciones de ilegitimidad datan de aquellos meses previos al inicio de la invasión, cuando el Kremlin empezó a argumentar que Ucrania era un “Estado fallido” y su jefe de Estado estaba “controlado por nacionalistas radicales y los Estados Unidos”, y no tenía el apoyo de la población.

Hasta el día antes de la guerra, Zelenski trató de dialogar con Putin. Lo llamó varias veces, pero en Moscú no quisieron descolgar el teléfono. “Quiero dirigirme al presidente de la Federación Rusa”, dijo Zelenski, en ruso, en un discurso televisado la noche del 23 de febrero de 2022. “Ha habido combates, ha habido muertos, pero si Rusia dice no querer una guerra, que trate de detenerla. Estoy dispuesto a hablar con usted, señor presidente de Rusia”. 

No hubo respuesta, ni tampoco marcha atrás. Putin lanzó la invasión y, según fuentes de inteligencia occidentales, fracasó en el intento de matar a Zelenski. El tono deshumanizador fue a más y, por primera vez, el presidente ruso acusó a su ya enemigo de “neonazi” y “drogadicto”, dos adjetivos que todavía hoy hacen fortuna entre los propagandistas de dentro y fuera del Kremlin. Durante los tres años de guerra, el líder ruso ha sido constante a la hora de responsabilizar al presidente ucraniano del conflicto, de la supuesta represión de la población rusófona de Ucrania oriental y de ser una marioneta de Occidente.

Zelenski, a su vez, ha explotado las debilidades de su rival. Ha respondido a sus acusaciones de nazismo comparándolo con Adolf Hitler, lo ha ridiculizado por no visitar el frente y ha señalado su temor a una rebelión interna en un intento de mostrarlo como alguien cobarde. También ha interpelado a la oposición, ha denunciado el autoritarismo del Kremlin y ha insistido sin éxito en la idea de que hay vida, más pronto que tarde, después de Putin.

¿Un diálogo imposible?

En esas circunstancias, no parece probable que el presidente ruso acepte sentarse en una mesa de negociación con Zelenski. En línea con el argumentario que ha mantenido estos tres años, cuando propuso un gobierno ucraniano auspiciado internacionalmente lo hizo alegando que “formaciones neonazis” como el batallón Azov se están apoderando del Ejecutivo y porque “no hay nadie con quién firmar nada, ya que mañana vendrán otros líderes”.

El Kremlin, además, alegando que Zelenski tiene prohibido por ley negociar con Putin. En otoño de 2022, después de que Rusia anunciara que absorbía las cuatro provincias ucranianas ocupadas, Zelenski promulgó un decreto que declaraba imposible negociar con el actual presidente ruso, aplicando la decisión del Consejo de Seguridad Nacional y Defensa ucraniano.

Zelenski, por su parte, hizo un amago de estar dispuesto a apartarse si con ello conseguía que su país ingresara en la OTAN, una propuesta que no tuvo recorrido porque Estados miembros como EEUU no están a favor de esta posibilidad. Y, aunque en marzo de 2022, se abrió a discutir con Putin –también lo repitió en una entrevista el pasado febrero–, su historial de declaraciones posteriores, la última de las cuales el pasado sábado, cuando en una entrevista en Le Monde se preguntó “¿qué puede decir un hombre que quiere la guerra en unas conversaciones de paz?”, indican más bien lo contrario.

Trump se enfrenta al reto quizás imposible de juntar en una misma mesa a dos enemigos declarados que se han interpuesto vetos cruzados. De momento, el presidente norteamericano ha sido mucho más receptivo a las precondiciones rusas e incluso ha mantenido reuniones con los líderes de la oposición ucraniana. Sin embargo, el reciente enfado por las palabras de Putin sobre la ilegitimidad de Zelenski impide aventurar cómo actuará ante este callejón sin aparente salida.

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