El comisario de Comercio visitó recientemente Pekín para "fomentar una relación comercial más equilibrada y cooperativa", y Francia logra aplazar el posible castigo al brandy como represalia por los aranceles a los coches eléctricos. Sánchez viaja esta semana para afianzar los lazos con el gigante asiático
La Unión Europea busca nuevas alianzas comerciales ante el desafío de Trump
Sánchez busca en Vietnam y China ampliar los mercados para salvar los aranceles de EEUU
La guerra comercial desatada por Donald Trump amenaza a la economía mundial con un menor crecimiento y una mayor inflación.
La UE define al gigante asiático como un “socio, competidor y rival sistémico” y, con base en esa contradictoria calificación, calibra sus lazos. En los últimos tiempos, las relaciones han sufrido una escalada de la tensión sobre todo por los aranceles al coche eléctrico de fabricación china, cuyos subsidios suponían una competencia desleal con el mercado comunitario, y la reacción de Pekín contra productos como la carne de cerdo –vital en el caso de las exportaciones de España–, los lácteos o el brandy, que golpeaba especialmente a Francia.
En pleno desafío de Trump, el comisario de Comercio, Maros Sefcovic, viajó a Pekín para “fomentar una relación comercial más equilibrada y cooperativa”. Tras los contenciosos por los vehículos eléctricos, los chips, la discriminación en el mercado sanitario o la energía solar, entre otros, la intención de la Comisión Europea era abordar una relación basada en la “igualdad de condiciones” y en la “apertura simétrica de mercados”.
Sefcovic informará a los ministros de Comercio de los resultados de esas conversaciones en una reunión extraordinaria en Luxemburgo este lunes en la que el plato principal será, no obstante, la respuesta de la UE al golpe de Trump. Lo que el comisario acordó con el viceprimer ministro chino, He Lifeng; el ministro de Comercio, Wang Wentao, y el ministro de Aduanas, Sun Meijung, fue “realizar un seguimiento estrecho” de temas “clave”, como los vehículos eléctricos, las cadenas de suministro o crear un grupo de trabajo sobre el acceso al mercado agroalimentario y estudiar una posible hoja de ruta para la revisión del Acuerdo de Cooperación y Asistencia Mutua Aduanera entre la UE y China de 2024.
Francia suaviza la tensiónEn paralelo, el ministro de Exteriores francés, Jean-Noël Barrot, viajó a China con el objetivo de negociar las represalias con las que amenazó ese país tras la imposición de aranceles a los vehículos eléctricos y que suponían un golpe a sectores como el porcino (especialmente importante para España), el lácteo o los alcoholes como el brandy.
“Mi visita permitió alejar esta amenaza inminente aplazando las conclusiones de la investigación y que las autoridades chinas decidieran una medida para facilitar el suministro de coñac y [brandy] Armañac a los dutyfree. Se trata de un paso importante hacia una solución diferente que nos permita avanzar hacia la cooperación que deseamos entre Francia y China, y, por supuesto, entre la Unión Europea y China, porque deseamos que haya cooperación y no confrontación”, dijo el jefe de la diplomacia gala el lunes en Madrid sobre la ampliación hasta julio de la investigación antidumping, que inicialmente tenía como fecha límite el 5 de abril.
También Pedro Sánchez pretende afianzar las relaciones con el gigante asiático en un viaje la próxima semana. El presidente del Gobierno visitará China y Vietnam para ampliar los mercados de nuestras exportaciones, y salvar los aranceles de Estados Unidos. Es la tercera visita en tres años de Pedro Sánchez a la segunda potencial mundial y el primer viaje oficial de España al país del sudeste asiático.
Con ambos, España tiene un importante déficit comercial (les compramos mucho más de lo que les vendemos) y el Gobierno busca equilibrar esta situación en un contexto de guerra comercial total en el que el tablero mundial se está reajustando a marchas forzadas. Las visitas de Sánchez son bilaterales pero coordinadas con la Comisión Europea. Eso sí, España no será la punta de lanza de la UE ni llevará ningún mensaje de la Comisión, según han confirmado fuentes españolas a elDiario.es.
La inmensa capacidad industrial y tecnológica de China favorece que tenga grandes superávits comerciales con la UE. En concreto, a España le vende 40.000 millones y solo le compra unos 7.000 millones al año. El Gobierno quiere aumentar esta última cifra y para ello está negociando protocolos y documentos que derriben las barreras no arancelarias que dificultan la entrada de nuestras empresas en el gran mercado asiático (barreras administrativas y regulatorias, estándares técnicos, problemas para contratar, etc.).
El sector de la agricultura y la ganadería, el farmacéutico y el de los cosméticos están muy pendientes de estas conversaciones, que podrían servir para redirigir exportaciones hasta ahora destinadas a Estados Unidos, que se han encarecido un 20% tras el anuncio de los aranceles de Trump. Mientras, España quiere conseguir nuevas inversiones de relevancia: en baterías, hidrógeno verde, fabricación de coches...
Y es que China es un mercado atractivo para España y para el conjunto de la UE, que celebra este año el 50º aniversario de sus relaciones diplomáticas. Los intercambios comerciales ascienden a 730.000 millones de euros al año y China es el tercer socio comercial más importante de la UE y el segundo en comercio de bienes. No obstante, el déficit comercial en favor del gigante asiático alcanzó los 304.500 millones de euros en 2024.
Con los aranceles de Trump, a los que China ha respondido con la misma tasa del 34%, la UE se enfrenta a un desafío adicional que es la inundación del mercado comunitario de productos procedentes de los países asiáticos que no encuentren salida en EEUU por el incremento de los precios. Países como China, Camboya, Vietnam o Tailandia, entre otros, que se han convertido en las fábricas del mundo, afrontan tasas adicionales de hasta el 49%.
“Vigilaremos de cerca los efectos indirectos que puedan tener estos aranceles, porque no podemos absorber el exceso de capacidad mundial ni aceptaremos el dumping en nuestro mercado”, advirtió la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, en su declaración tras el discurso del llamado 'Día de la Liberación' de Trump. Entre las opciones que tiene la UE si se da ese caso, está la activación de la cláusula de salvaguardia prevista por la Organización Mundial del Comercio, que permite restringir las importaciones si se detecta un aumento excesivo que perjudica al mercado interior, o incluso plantear una investigación, como sucedió con los coches eléctricos fabricados en China.
“Negociación, represalias y diversificación”A pesar de las fuertes discrepancias con China, en asuntos como su apoyo a la maquinaria de guerra rusa, la UE no quiere romper lazos y el acercamiento en lo comercial responde en buena medida a la estrategia que ha adoptado para enfrentar la guerra comercial de Trump: “Negociación, represalias y diversificación”. Los dos primeros pilares se refieren a EEUU: la pretensión de Bruselas es intentar buscar una solución negociada y, en caso de fracaso, imponer “contramedidas proporcionadas”.
La tercera pata supone ampliar las alianzas con otros países para agrandar el espectro comercial y económico de la UE. “La UE no depende de ningún mercado y aprovecharemos esta situación para diversificar aún más nuestras asociaciones comerciales en todo el mundo, a fin de garantizar que nuestras empresas puedan crecer y prosperar a escala mundial”, expresó Sefcovic en un comunicado.

La agenda internacional de Von der Leyen se ha multiplicado en los últimos meses con ese propósito. De hecho, el 'Día de la Liberación' pilló a la presidenta de la Comisión Europea y al presidente del Consejo Europeo, António Costa, en Uzbequistán con motivo de la primera cumbre UE-Asia Central que derivará en un nuevo “partenariado estratégico”. “Europa quiere ser su socio preferente”, les dijo Von der Leyen, que anunció inversiones por un valor de 12.000 millones en esa región para abrir nuevas rutas comerciales y flujos de inversión en el marco de la denominada 'Global Gateway' en Uzbekistán, Tayikistán, Kirguistán y Kazajistán. A cambio, la UE logra “cooperación” en materia de minerales críticos.
La “gran oportunidad” de Mercosur“La diversificación es una prioridad de la agenda comercial y sigue siéndolo”, reconoció este viernes el portavoz de Comercio, Olof Gill, que recordó que esa estrategia viene de hace “mucho tiempo” y que la “prueba de que funciona” es que la UE es la potencia que tiene una red de acuerdos “más amplia y profunda”. Fuentes comunitarias comparan: “76 países están cubiertos por un acuerdo comercial con la Unión Europea. Estados Unidos sólo tiene 20”. Y es que el mercado único, con más de 450 millones de consumidores es un punto fuerte para el bloque comunitario.
Y en esa estrategia emerge con especial fuerza el acuerdo firmado con Mercosur, que se resistió durante décadas y que es muy polémico. De hecho, hay países relevantes de la UE, como Francia o Polonia, que lo rechazan, más allá de las organizaciones sociales por la factura medioambiental y social que puede pasar. “Invertiremos mucho esfuerzo y tiempo en finalizar el acuerdo”, aseveró Gill, que reconoció que Bruselas usará la guerra comercial para intentar convencer a los Estados miembros reticentes a ese acuerdo que supone el primero que el bloque latinoamericano firma con otra potencia: “Mirad lo que pasa en el mundo, esta es una gran oportunidad para nosotros”.
India o Sudáfrica para ampliar la red comercialEn los últimos meses, en plena preparación para la guerra comercial con Trump, se han intensificado las relaciones con países como Canadá. También se selló la modernización del Acuerdo Global de la UE con México. “La UE y México ya son socios de confianza. Ahora queremos profundizar aún más nuestra cooperación, beneficiando considerablemente a nuestros ciudadanos y nuestras economías. Los exportadores de la UE, incluidos los agricultores y las empresas agroalimentarias, obtendrán nuevas oportunidades comerciales. Este acuerdo histórico demuestra que un comercio abierto y basado en normas puede contribuir a nuestra prosperidad y seguridad económica, así como a la acción por el clima y el desarrollo sostenible”, dijo entonces Von der Leyen.
La Comisión Europea se trasladó a la India a finales de febrero con el objetivo de cerrar un acuerdo comercial este mismo año. “Europa e India son socios afines, unidos por la convicción compartida de que la democracia es lo que mejor sirve al pueblo”, dijo Von der Leyen al anunciar ese viaje en el elitista Foro de Davos en Suiza. Más allá del interés geopolítico a través de la profundización en la “agenda estratégica” con un país que juega a varias bandas al tener una posición ambigua respecto a Putin o China, el interés estaba en el margen para incrementar el comercio, que supone unos intercambios de 120.000 millones en bienes al año entre dos regiones que representan el 25% de la población mundial.
“Hemos puesto en marcha la primera Asociación para el Comercio y la Inversión Limpios con Sudáfrica. Nuestro objetivo es concluir un acuerdo comercial con la India a finales de año. Mantenemos intensas negociaciones con Indonesia y Tailandia”, expresó Von der Leyen en el Parlamento Europeo la víspera de que Trump anunciara sus aranceles universales para los que la UE asegura tener “todo lo que necesita para superar la tormenta”.