En realidad Reino Unido tendría que haber dejado la UE el 29 de marzo. Pero resulta que el acuerdo de retirada pactado hace casi un año entre el Gobierno británico y la Unión Europea no terminó de gustar al Parlamento británico. Y como Theresa May fue incapaz de convencer a sus diputados, se tuvo que marchar a su casa. 

Pero el nuevo inquilino de Downing Street tiene el mismo problema. Lo que pasa es que, como Boris Johnson tiene menos remilgos democráticos que May, pretende cerrar el Parlamento británico para no necesitar su apoyo para una salida por las bravas de la UE el 31 de octubre, la última fecha límite pactada entre Londres y Bruselas.

 

Quiere, pero no puede: el Parlamento británico ha aprobado este martes por la noche un mecanismo de emergencia para bloquear el Brexit duro de Boris Johnson, con votos de diputados conservadores. Boris Johnson sabe que no tiene una mayoría suficiente en Westminster para un Brexit sin acuerdo, como se ha demostrado en votaciones previas, y ahora huye hacia adelante y quiere nuevas elecciones que decidan "quién va a negociar al Consejo Europeo en Bruselas el 17 de octubre".

El problema es que Boris Johnson no tiene una mayoría para una alternativa. Para nada, en realidad. Por eso están sobre la mesa nuevas elecciones en Reino Unido si este miércoles el Parlamento británico ratifica la votación de este martes y aprueba que se impida un Brexit sin acuerdo y se pida una prórroga a Bruselas, que tendría que ser santificada por los 27 en un Consejo Europeo –probablemente el del 17-18 de octubre–.

Y, mientras tanto, el Gobierno británico asegura que "hay progresos" en las negociaciones con Bruselas, a lo que la UE responde que lo que hay son "progresos en los procesos". ¿Y eso qué significa? "Que ahora nos reunimos dos veces por semana a nivel técnico", explicaba la portavoz de la Comisión Europea, Mina Andreeva, este martes. 

Es decir: no hay progresos, porque el Gobierno británico dijo tener alternativas al susodicho backstop, la salvaguarda para que haya una frontera invisible entre las dos Irlandas si no se pacta en menos de dos años un acuerdo comercial y de relación futura entre la UE y Reino Unido. Pero no han entregado ni un papel, dicen en la Comisión, de una alternativa "compatible con los términos del acuerdo de retirada". Así también lo ha confirmado en el Parlamento Europeo este martes el Gobierno finlandés, presidente de turno de la UE entre junio y diciembre de 2019.

Así, este miércoles la Comisión Europea aprobará en el colegio de comisarios nuevas medidas ante la hipótesis de un Brexit sin acuerdo el próximo 31 de octubre.

Eso sí, si hay Brexit sin acuerdo, no habrá el polémico –e hipotético– backstop, sino una frontera dura entre las dos Irlandas, contraviniendo los Acuerdos de paz de Viernes Santo.  

"Nuestra hipótesis de trabajo es que el Brexit tendrá lugar el 31 de octubre. Sobre si [un no acuerdo] es el escenario más probable, diría que es una posibilidad muy clara", ha dicho Andreeva este martes por la mañana, horas antes de la sesión en Westminster, pero poco después de que el exministro británico de Economía Philip Hammond, miembro relevante del Gobierno de Theresa May,  afirmara que "no hay progresos" con Bruselas y que "no hay negociaciones sustanciales".

Hammond hizo esta afirmación a Radio 4 de la BBC, y añadió que no había avances porque el Gobierno del Reino Unido no ha presentado nuevas propuestas. El acuerdo negociado por Theresa May ha sido rechazado tres veces por la Cámara de los Comunes.

Las sesiones en la Cámara de los Comunes se reanudaron este martes tras el receso del verano, en el comienzo de una semana crucial para el proceso de salida del Reino Unido de la UE y la decisión de Johnson de suspender el Parlamento a partir de la próxima semana y hasta el 14 de octubre.

Diputados de distintas formaciones se han unido para presentar una cláusula destinada a controlar la agenda parlamentaria para impulsar una ley que bloquee un Brexit sin acuerdo, que se ha impuesto por 328 a 301 votos, tumbando al Gobierno y a su portavoz parlamentario, Jacob Rees-Mogg.

The physical embodiment of arrogance, entitlement, disrespect and contempt for our parliament. pic.twitter.com/XdnFQmkfCS

— Anna Turley MP (@annaturley) September 3, 2019