
Con siete años, se propuso diseñar una máquina del tiempo y llevó un cuaderno con detallados dibujos de ingeniería. Con nueve o diez, en una reunión familiar, uno de sus parientes le hizo la pregunta que, tarde o temprano, se les hace a todos los niños y niñas: "¿Qué quieres hacer cuando seas mayor?".
Elizabeth respondió sin titubear: "Quiero ser multimillonaria". "¿No preferirías ser presidenta", retrucó el familiar. "No, el presidente se casará conmigo porque tendré mil millones de dólares", concluyó la niña.

















