
"Me gustaría poder daros mejores noticias, pero creo que sabéis la verdad. El camino a la victoria es virtualmente imposible". Con estas palabras, Bernie Sanders ha abandonado su candidatura presidencial después de perder las primarias demócratas por segunda vez en cuatro años. Es lo más cerca que jamás ha estado un socialista de ser presidente de EEUU en más de un siglo y tampoco se puede decir que haya estado cerca, cerca. Aunque, por un momento, lo pareció.
Hace solo dos meses, yo mismo firmaba por aquí que Bernie Sanders era "sin duda el favorito" y era cierto. Venía de hacer bien todo lo que un candidato tiene que hacer bien: un sólido empate en los caucus de Iowa, una victoria ajustada en New Hampshire y un triunfo arrasador en Nevada.
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