
Guatemala empieza la cuenta atrás para las elecciones presidenciales del 25 de junio inmerso en una deriva que analistas y organizaciones internacionales califican de debilitamiento de la democracia. A eso se le añade un desencanto general de la población y un sentimiento colectivo de desinterés y falta de esperanzas en un cambio real. Una combinación que puede traer consecuencias muy negativas para la ya dañada democracia guatemalteca.
La cita electoral del domingo es “la más pesimista y con menos esperanzas de cambio de los últimos 30 o 40 años”, según el analista político y miembro de la asociación de Analistas Independientes de Guatemala (AIG) Luis Fernando Mack.
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