Son muchos los escritores que dicen que la literatura les salvó la vida. Puede parecer exagerado, un libro no te remienda un órgano estropeado ni te hace salir a flote en un naufragio; pero, para quien conoce el desarraigo, la lectura puede tejer puentes con los demás, con el mundo. Nuevas ideas, empatía, pertenencia. Si, además, eres de clase obrera, en tu casa solo se lee la Biblia y de niña querías ser misionera, entrar en una biblioteca (pública) se convierte en una experiencia liberadora: “Empecé a leer por orden alfabético.
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