
El silencio de los corderos llegó a los cines estadounidenses el 14 de febrero de 1991. Como en otras ocasiones, uno de los villanos de la función fue, para muchos espectadores, más memorable que la protagonista de la película. Se trataba del doctor Hannibal Lecter, melómano y gourmet de gustos eclécticos, psiquiatra de verbo tan incisivo como sus dentelladas caníbales, asesino en serie que colaboraba con el FBI cuando le apetecía.
En realidad, ya habíamos visto a Hannibal Lecter en la gran pantalla.

















