
Los mercados de capitales suelen actuar como sensores de alta precisión ante cualquier atisbo de convulsión económica, financiera o geopolítica. También de índole climatológica, en especial, catástrofes meteorológicas de especial magnitud, perturbaciones en la paz social o alteraciones en la carrera digital que aparezcan en el firmamento inversor. Sus sistemas de alarma temprana no siempre resultan certeros, aunque suelen poner sobre la pista de maniobras más o menos soterradas que pueden llegar a emerger en el siempre latente orden mundial en cualquier momento.

















