
Corría el año 1987 cuando la multinacional estadounidense AT&T escogió España para construir una nueva fábrica de semiconductores. Estuvo activa durante 14 años, durante los cuales llegó a ser una de las más avanzadas de Europa y tener casi mil trabajadores. Bajó la persiana en 2001 en el gran proceso de deslocalización del sector que acabó con las fábricas de la UE y EEUU concentradas en países asiáticos como Corea del Sur y Taiwán. Desde entonces, España apenas había tenido peso en la cadena de suministro internacional de microchips, pero esa situación está a punto de cambiar gracias a un acuerdo entre el Gobierno y Broadcom, una de las empresas más importantes del sector.

















