
Las interrupciones en el grifo del gas y el petróleo decretadas por el Kremlin desde el otoño de 2021, con sus consecuentes sucesiones de escaladas de los precios de la energía, han trastocado la cultura de hibernación atómica que habían adquirido países como Alemania o Japón tras el accidente en la central de Fukushima.
Japón ha reanudado el uso de sus centrales después de un largo decenio de parálisis y en Europa se propagan los indultos sobre las plantas clausuradas. Francia, donde su presidente Emmanuel Macron se comprometió a reducir la dependencia atómica del país durante su primer mandato, ha virado su rumbo y construye ahora seis nuevos reactores y una docena de variante modulares en sus centrales.

















