
Irán es uno de los ejemplos más claros en los que no es necesario esperar a los resultados oficiales de las elecciones presidenciales para poder hacer un análisis de lo ocurrido y de lo que cabe esperar de inmediato. Esto es así porque aunque la jornada electoral, como la del pasado 18 de junio, se desarrolle de manera limpia, normalmente la verdadera elección ya se ha producido mucho antes y no depende del voto ciudadano.
En esencia, es el Consejo de Guardianes –un órgano compuesto por 12 personas (seis alfaquíes, expertos en jurisdicción islámica, nombrados por Ali Jamenei y otros seis juristas designados por el poder judicial)– el que determina quién puede participar en los comicios, cuidándose de asegurar que solo puedan hacerlo los que no cuestionen el régimen instaurado por Jomeini en 1979.
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