
Llevaba trabajando desde los 22 años y con los 49 cumplidos, Ramón (nombre ficticio) se quedó sin trabajo. Su empresa, una cadena de perfumerías, ejecutó un ERE y dejó la plantilla en el esqueleto, y a Ramón con la necesidad de buscar trabajo a una edad problemática; ya no es joven, pero tiene todavía 20 años de vida laboral por delante. Desde hace varios meses se viene presentando a ofertas que encajarían como un guante con su perfil, pero lo rechazan de plano. Él sospecha que no hay otro motivo que su edad.
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